Aprovechó la similitud entre Haha y Hernán para jugarle a los jesuítas una jugarreta. Inscribió solamente a Hernán en el colegio. Así un día asistía Haha a clases, y al día siguiente asistía Hernán.
El que faltaba a clases tenía varios tutores. Como yo tenía que asistir todos los días me enteraba de la enseñanza de los tutores sólo por lo que me contaban y enseñaban mis dos amigos. Con ellos perfeccioné el poco alemán aprendido en el Deutsche Schule, aprendí inglés y francés, savate, ajedrez, taichichuan, un poco de guitarra, geografía, historia, y una serie de conocimientos más que el tiempo ha devorado.
Los sábados en la tarde jugábamos fútbol. Haha y Hernán asistían en sábados alternos. Al que le tocaba quedarse en casa iba casa de la familia Rosswaag. Fritz había sido nuestro compañero en el Deutsche Schule y vivía en los Jardines del Valle.
Ni siquiera él sabía que Haha y Hernán fueran dos personas distintas.
Casa de Fritz se jugaban beisbol y bolas criollas. Yo comencé jugando fútbol, pero no me sentía aceptado por mis compañeros del San Ignacio. Ellos eran de dos tipos:
Los caraqueños que se hacían llamar "gente bien", vivian en el Este, en La Florida, Camp, solamenteo Alegre, Cantri Clab, Los Chorros; los que vivian en el casco de la ciudad lo hacian en Altagracia, La Pastora y Altagracia; y los que no siendo mantuanos aspiraban a hacerlo.
Los tres mosqueteros estaban excluidos. Recuerdo a un compañero de apellido Arismendi, de tez más bien seria, que le dijo a Hernán que era un blanco de orilla. Hernán no lo entendió y le contestó que si lo era, de la margen derecha del Apure.
En Mayo de 1944 murió Don Chucho. En Diciembre del mismo año comenzó la guerra sucesoral de la familia Alegría.
Don Chucho había sido un hombre acaudalado de Apure. Dije antes que en vez de pagar dos matriculas por su hijo y su sobrino, sólo pagaba una y por hacer un chiste atribuí este acto a avaricia. Debo corregirme, lo hizo, según él mismo nos contara a los tres cuando Hernán quiso tomarle el pelo llamándolo pichirre, por darse el gusto de engañar a los jesuítas. Además, siguió Don Chucho; recuerda que también he pagado los tutores de ustedes a un costo superior al de la matrícula.
Quiero también anotar que, hasta que murió, también había costeado mis estudios. Pero no quiero hablar de mi mismo.
Breve historia de la lengua espanola: Spanish edition
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